08/29/2007

Ejercicio de Literatura: La Deuda La Deuda Ejercicio de literatura: La Deuda

La Deuda
Por Eugenia M. Renskoff
27 de Agosto 2007



Relato de una mujer que, por primera vez en su vida se encuentra sola y con una deuda importantísima.



--Ana, por favor, decime la verdad. Sabes exactamente cuanto es que debo?
--Realmente no sé, pero pienso que es mucho. Ayer llamaron acá, y sinceramente, no me gusto el tono de la voz del tipo.
--Ya les di tanto! Gracias. Después te llamo. Voy a ver como soluciono esto.

¿Ahora que iba a hacer? ¿Que podía vender pronto? Cuando había comprado su auto, el primer auto, andaba bien en el trabajo. Todos le pagaban a tiempo y nadie llamaba para cancelar a ultimo momento. Pero desde hace unos 2 meses, muchos daban cualquier excusa para no darle lo que cobraba por hora. Le costaba mucho pagar sus cuentas y comer se estaba convirtiendo en un lujo. Estos hombres eran peligrosos. Vera sabia que no la iban a esperar. Querían su plata ya.
Se levanto de la silla y fue a su dormitorio. Busco largo rato hasta que encontró un cofre en el estante de arriba. Ahí estaban la cadena y la pulsera de oro que le regalo su Mama hace ya tantos años. La idea de deshacerse de estas cosas no le gustaba para nada. Cerro sus ojos y vio a su madre tal como era ese día. Su sonrisa le iluminaba la cara y la abrazo bien fuerte. Había hecho un sacrificio enorme para juntar la plata, pero era el cumpleaños de su hija, y su hija merecía lo mejor.
Vera sacudió la cabeza, y secándose la cara con su mano derecha, se puso el tapado.
En pocas horas, obtuvo lo que esa gente querría. Necesitaba pensar que su madre, si estuviera viva, no le guardaría rencor.
Mejor voy ahora, antes de que pierda el valor, se dijo. Cuando llego al lugar de autos usados, el vendedor se mostró sorprendido.
--No señora, nosotros no la llamamos. No se acuerda de nuestra conversación? Podemos llegar a un arreglo, siempre que usted este dispuesta a pagar algo por mes.
--Si, por supuesto que me acuerdo. Pero, mi amiga me dijo que alguien le hablo con muy mal tono.
--Le repito. Nosotros no fuimos. No tenemos porque llamar a su casa y hablar mal con nadie. No nos manejamos así.
Vera le dio las gracias. Si Ana le mintió, cual era el motivo? A veces se llevaban bien, a veces no. Ahora no podía volver al local donde le habían comprado las joyas. Estaban perdidas para siempre y la plata que había recibido por ellas le molestaba. Parecia estar envenenada.

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