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10/22/2007
New Novel in Spanish
Nueva Novela: La Vecina
Por Eugenia Renskoff
-¡No! Discúlpeme, Elena, pero no lo voy a hacer. No quiero ir hasta allá. Imposible.
Elena la miro extrañada. Esta era una Teresa que desconocía por completo. La mansa y dulce mujer que conocía desde hace años definitivamente había desaparecido.
-Pero, Tere, tenes que pensarlo bien. Se va a poner muy contento al verte.
-No, por favor, no insista más.
Elena intento tocarle las manos. Abruptamente, Teresa se levanto de su silla y se fue al otro lado del living.
Había experimentado tanto sufrimiento por ese ser viviente que estaba tan lejos, y ahora Teresa parecía desinteresada. De repente estaba muy fría.
-¿Le sorprende mi cambio, no? Es que estoy muy cansada. Siempre hice lo que querían los demás. Ahora quiero cambiar y hacer lo que yo quiero.
-¿Entonces que va a ser de el? Lo vas a abandonar?
-No, ya le dije que no. Le voy a seguir mandando plata a la gente que lo cuida. Los euros siempre son bienvenidos en todo el mundo, especialmente allá.
--Te hago un café, ¿que te parece?
Teresa se encogió de hombros.
--Si, esta bien. En la cocina hay café molido y en bolsitas.
Al rato Elena volvió con 2 tazas grandes de café con leche.
--Te lo hice porque se lo mucho que te gusta. No es cuestión de seguir con lo mismo, pero el ya es grande, y necesita de vos. Otra persona no lo va a cuidar tan bien.
Teresa cerró los ojos. Le contesto a su vecina sin abrirlos.
--Si, Elena, de acuerdo, me necesita. Nadie lo conoce como yo. Cambiemos de tema, ¿quiere?
Cuando Elena se fue para su casa, Teresa se quedo en la silla pensando.
Seria tan lindo si todo esto pudiera desaparecer como por arte de magia, si se pudiera volver atrás, antes de que todo esto apareciera en mi vida, en nuestras vidas. Ahora la angustia es demasiado grande y no se que hacer. Elena tiene buenas intenciones, pero eso no va a ayudarme a resolver el problema.
Busco un número de teléfono en su agenda y lo marco.
--Hola, ¿Marcos? Si, soy Tere. ¿Como estas? Regular, no tan bien como quisiera. Te llamo para consultarte. Si, es acerca de ese problema, el que vos sabes. No, parece de nunca acabar. Si, lo extraño pero no soy la misma. Y sentiría tanta culpa si le llegara a pasar algo. Parece ser mas bebe que un bebe de verdad. .
--No. No vale la pena, ya se. Pero vos ya me conoces. Soy muy sentimental. Esa es mi mayor desgracia. Si, vos siempre me lo decías, ¿te acordas? No puedo pensar y tener la sangre fría, por lo menos una vez en mi vida. ¿Tranquilizarme? Mira, lo he intentado todo—leer, caminar por un lugar lindo y con mucho ruido, trabajar hasta tarde, cansarme hasta que se me cierran los ojos, pero nada funciona. Si, pero es un viaje que no quiero hacer. Vos me entenderás. Estoy como si acá estuviera fuera de todo eso, en otro planeta. Esta bien. No, después espero a que me llames. Gracias. Chau.
¿Ahora que? No puedo dejar que esto me coma, me esta amargando la vida. Ya no puedo dormir. Cuando lo veía todos los días, lo mimaba, le daba de todo. Ahora también, aunque desde muy lejos. Pero no le tengo confianza a esa gente. Si voy, no va a ser por unos días y nada más. Y entonces ¿Qué hago? Lo último que me puedo dar el lujo de hacer es cometer otro error. Ya han sido demasiados en poco tiempo. Es eso lo que me deprime. No solamente el, sino tantos errores juntos. ¡Que carga resulto ser todo esto!
Intento irse a dormir, pero no pudo. Tomar pastillas para descansar un poco no le gustaba, esa idea nunca había sido una de sus favoritas, pero lo prefería a mirar el techo toda la noche.
¿Que estará haciendo? ¿Lo estarían tratando bien? ¿Por lo menos una persona en esa casa seria bondadosa con el?
Sabía que las respuestas a estas preguntas tal vez nunca le llegarían.
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